viernes, 10 de mayo de 2013

Poética Sexual

Quiero hacerte poesía
Descubrir el sentido de amarte
Partir del sexo a la otra vida
Y tenerte ínfimamente distante

Sangrar con versos los problemas
Y conservar solamente ésta unión
Rompiendo todos los esquemas
Desgarrando el matiz de la ilusión

Grabando en roca nuestro encuentro
Como grabar un epitafio
Con papel, tinta e ingenio

En la oscuridad de tu cuarto
Con tu cuerpo como garfio
¿Quién quiere ser abstemio?

sábado, 4 de mayo de 2013

Abstracciones

Esta es la primera noche sin vos, tu delicado y poco lúcido rostro se desdibuja en la porosidad del muro que –muy- brevemente te acoge en su recinto de blancas burbujas de aire, la fe en que volverás se renueva y se destruye simultáneamente a cada instante ahogando torpemente estas letras en el río de horas que se fueron detrás de tu partida.

El silencio ensordecedor me parece insoportable, solamente la voz de Ella FitzGerald que lentamente sale de mi computadora me ayuda a agudizar los deseos de estar, pero estar con vos.

No supe tenerte, no supe soportarte.

Nuestro amor se desmorono velozmente cual juego de Jenga, cual lazo podrido sobre el cual colgás la ropa, cual World Trade Center siendo atacado por un avión esa mañana fría del mes de Septiembre, ese mes de septiembre en el cual once años después la vida me mostró tus sendas de peligros y azares perdidos en el tiempo que ahora trato vanamente de menguar para ver si por fin puedo volver a tenerte entre mis brazos.

jueves, 2 de mayo de 2013

La hora quinta

Amor mío
Sos estas letras que se crean en mis manos
Abriendo el suave postigo
Que se refugia en tus bellos labios

Ésa fragancia a menta fresca
Éstas horas tan absurdas
Éste tiempo que no regresa
Cuando con tus ojos los míos alumbras

Éste proxenetismo de tinta
lleva tu nombre impregnado
Jugando al azar de un dado

Mi vida que has controlado
Al dolor de un condenado
Mientras llega la hora quinta

Composición febril de dos cuerpos amándose

Bastaba acercar mis labios a tu cuello para sentir tus uñas hundirse en la piel de mi espalda. Bastaba perdernos entre besos y caricias mañaneras, desdibujar nuestros cuerpos y amarnos hasta que la salida del sol no lo impidiera.

Explorar minuciosamente cada rincón de tu esculpida figura y de un momento a otro escuchar ese gemido como un canto victoriano anunciando la cúspide del éxtasis que ambos logramos alcanzar.

Luz tenue, cama de rosas y toda una noche que nos esperaba ansiosa para devorarla devorándonos, y así desnudos nuestros cuerpos, sumidos en una cadencia difícilmente replicable, desapegándonos por completo de las cosas materiales para protagonizar el soneto en tus labios y la melodía de tu cuerpo ardiendo en llamas de pasión.

Al -Poco estimado- General

¿Dónde queda la dignidad de un pueblo perdido en los escombros del pasado? Hoy en mi país todos se entristecen porque perdió el equipo de fútbol de Barcelona, otras cuantas personas caminan errantes por las sucias calles de esta ciudad que hoy se viste de luto, y no por los múltiples asesinatos cometidos a diario en este país de traidores, no por las constantes obras de corrupción cometidas por el ejecutivo de este país, tampoco por el asqueroso y sucio dinero que siempre domina la mente del hombre. ¡No! Hoy Guatemala sufre; Sufre, sangra y llora a manos de la CC anulando el juicio contra el “Genocida” Ríos Montt, anulando todo el estado derecho de las poblaciones arrasadas y limpiándose la mugre con la constitución y la voz de los que en realidad deberían de tener el poder del país: El pueblo.

Una vez más nos demuestran quién en realidad tiene el poder no solo adquisitivo, sino gubernamental y legal. Y no requiere de gran ciencia darse cuenta el porqué los de la “élite” cuentan con tal poder que -valga aclarar- nosotros mismos se los hemos dado. Pero al final del juego tampoco es culpa de este pueblo, este pueblo que no reacciona, que no grita y vela por no ser pisoteado, no es culpa del pueblo no poder gritar cuando su boca ha sido cosida y sus ojos han sido devorados por los pocos pero verdaderos dueños de este país.

Se cubren diciendo que en cualquier guerra hay muertes, y claro que las hay, pero eso no le da ninguna validez al uso inútil de los recursos económicos del país, ¿Se ha puesto a pensar qué nivel de desarrollo se hubiera logrado si en lugar de desperdiciar vidas, recursos y sobre todo tiempo en causas completamente inútiles, luchando por una libertad inexistente y que al final de cuentas no nos dejo absolutamente nada favorable? Nada es excusa para tal derroche de recursos, y si en dado caso quieren asesinarse como cerdos hasta el ocaso de sus vidas que lo hagan, pues la libertad hasta en esas situaciones es completamente opcional, pero ¿Por qué arremeter sus pocas ganas de vivir con gente que nada tiene que ver en el conflicto?

Hoy es un día memorable, y no por bueno, no por santo, no por digno; sino por haber manipulado los medios, por haber envuelto en una cortina de humo el delito cometido por los altos mandos del ejercito, por haber anulado y hecho caso omiso al más grande de los crímenes cometidos en nuestro país: La muerte de personas inocente a causa de la guerra.

Esperanzas

Hoy llueve en la ciudad; todo se nubla mientras desgajo éstas letras y tu silueta se vuelve evanescente y se confunde con el humo de este cigarrillo que se lleva ese tiempo que compartimos en los bancos de plaza y en las aceras que nos cobijaban del frío de las noches en que te iba a dejar tarde a tu casa –Sí acaso te acordaras- y ambos odiábamos eso, ambos odiábamos eso que nos dejaba vacíos y estaqueados en mitad de la calle con una esperanza de volver a vernos ese día tan vana como la esperanza de lucidez humana. Me encontraba ya perdido, sumergido en un manojo de instantes ya perdidos e irrepetibles, porqué cada momento junto a vos fue totalmente distinto, en algún momento estábamos comiéndonos una manzana bajo la sombra de un frondoso árbol, esa manzana del pecado original del que nos considerábamos absueltos por ósmosis y vos con un tono burlesco me obligaste a comerla. Otro día recuerdo caminar de tu mano y por puro capricho tuyo querías jugar a las escondidas, siempre tan niña, tan inmadura y consentida, no aceptabas un no por respuesta, y entonces jugamos a las escondidas estuvimos buscándonos casi medio día –Debo aceptar que estuve a punto de rendirme, que mala sangre buscar a alguien por medio día sin ningún éxito- pero justamente cuando me di la vuelta para volver a mi casa mis labios se encontraron con los tuyos y yo reaccione exaltado y agradeciéndote por la sorpresa te lleve a mi apartamento, ahí fue que todo se consumo, ahí fue que todo quedo, ahí fue que todo se volvió tan cristalino y puro como el agua pero lastimosamente no era nada más que simple y llano sexo.

lunes, 25 de marzo de 2013

El monstruo rutinario

¿Se ha puesto a pensar Por qué dice: “Mañana será otro día”? Claro, cuando la frase sale de su boca espera que así sea, espera que el siguiente día traiga consigo otras cosas, cosas nuevas, cosas únicas que lo conviertan en un día diferente, creo que en el fondo cuando nos acostamos a dormir cansados por haber le declarado la guerra a la jungla que se encuentra cruzando esa puerta y mejor aún, haber salido victoriosos, cansados, abatidos, pero victoriosos, todos queremos así suceda.
 
Pero ¿Qué hace para que el día de mañana sea diferente? Pocas personas se ponen a pensar en esto a la hora de asegurar que mañana será otro día, pero ¿Sabe? Seguramente no lo será, seguramente será otro día tan rutinario como el que está terminando, otro día levantándose temprano y pese a eso salir corriendo al trabajo porque el tiempo se le ha hecho corto para cumplir con su horario, al salir de la casa ver las mismas calles, las mismas casas; Llegar a la oficina y ver las mismas cuatro paredes que limitan su libertad y de nuevo a realizar las mismas ocupaciones que todos los días realiza, pasar ahí encerrado hasta la hora de almuerzo, comer aceleradamente y volver de nuevo a la condena de las mismas cuatro paredes de su oficina, diez minutos antes de terminar su horario de trabajo comienza a observar el reloj un minuto tras otro sintiendo como todo lo que se hizo en el día, que fue básicamente nada, pasa por su cabeza una vez más. Cuando por fin llega la hora de salida, cruzar la puerta de la oficina y encontrarse, de repente, a un montón de personas cabalgando cual manada hastiados al igual que usted de haber pasado ocho o diez horas encerrados en una oficina, haciendo lo mismo de siempre. Tomar el bus de vuelta y al llegar a su cuadra caer en la cuenta que todas aquellas casas y calles que despidió en la mañana con el propósito de no volver a ver jamás siguen allí, inmóviles, inertes, cruzar la puerta de su casa entre prisas, sustos y cansancios. Entrar por la puerta y descubrir a la misma mujer que lo despidió cuando salió en la mañana, todo está igual. A la hora de dormir lo hará engañado con la esperanza de que mañana será un día distinto.
 
Desde pequeños se nos enseña a acostumbrarnos a esta absurda rutina, a perder la libertad de acción, a depender de cosas como el dinero, el tiempo y por supuesto, los medios para poder atenderlos como el trabajo y la hora. Creemos que cuando salimos del colegio estamos listos para vivir felices, pero, cuál será nuestra sorpresa al darnos cuenta que todos los años que desperdiciamos en el colegio fueron en vano. Se nos prepara para contagiarnos con esa rutina, para seguirla y obedecerla todos los días de nuestra vida, a ganarnos el dinero con ella, a depender de ella tanto que cuando llega la hora de la muerte el hecho de no poder continuar con la rutina nos asusta, cuando llegamos al ocaso de nuestra vida nos damos cuenta que lo único que nos hizo falta hacer con la vida, fue vivirla. Claro, pasamos toda nuestra niñez y juventud esclavizados a un sistema de vidas homogéneo y enfermizo, desperdiciamos todas nuestras energías de niñez y juventud atados a una vida rutinaria, para que después, ya cansados, aburridos, agobiados de la vida se nos dé por fin un poco de libertad cuando somos ancianos y ya no tenemos ni la fuerza ni la vitalidad para poder vivir la vida.
 
En mi caso la muerte no simboliza cruzar el umbral de lo metafísico, tampoco que me convertiré después en alguna otra especie animal, para mi morir es simplemente esa oportunidad que tenemos de finalizar con la rutina, de vencerla para nunca más poder caer en ella.

Relatos Automovilísticos

No me importa nada. No me importa si el próximo semáforo esta en rojo. No me importan los pasos de cebra ni los peatones imprudentes, imprudentes a nuestra entrega de amor en la que juntos, tú y yo, nos haremos uno mismo. Las luces de la ciudad se opacan con el polarizado también opaco de las ventanas de este automóvil, que cual sacerdote en confesión sin saberlo guardara cada uno de los secretos, hechizos, gritos y deseos que escaparan de nuestros cuerpos en esta noche mágica.
 
El automóvil avanza, no importan los peligros, no importa si vamos a morir, siempre y cuando muramos juntos. Ambos sabemos los riegos, pero ambos también sabemos que ahora ya no hay vuelta atrás.
 
Entierro mis dedos de lleno en tus rizos destellantes, masajeo tu cuero cabelludo y bajo un poco más. Beso tus labios carmesí y ambos continuamos sabiendo que no podemos detenernos ahora.
 
No. No me importa nada. No me importan los otros automóviles que nos acompañan. No me importan las señales de alto ni los silbatos de los municipales. No me importa nada, solo continuar avanzando y jamás detenernos.

De tus ausencias presenciales

No se quién sos. No se dónde estás, pero te busco y te encuentro en todos lados. No se quien sos pero cada noche encuentro tu reflejo envolviéndome en tus brazos y tus dulces labios acariciando mi cuerpo en un extenuante recorrido. No se quien sos pero tu sombra me persigue a todos lados, seguís mi rastro como un veraz cazador de jungla desierta, de amazonas o desierto. Nunca te espero pero siempre llegas a llenar cada vacio de mi alma tan agujereada de experiencias pasadas, de adioses y bienvenidas en vano.
 
Así estás en mi vida tan perceptible, tan palpable, tan querible pero tan ausente. Tan sublime, tan llena de nostalgias, tan agónicamente muerta o dormida, pero no aquí.
 
¿Sera que sos acaso alguna memoria muerta, algún rastro del pasado? ¿Sera que sos acaso simple percepción, dulce vacio trágicamente encontrado en mis desiertas soledades, en mis desiertas vidas o en mis desiertas muertes? No lo se, pero aquí estás tan ausentemente presente como la última vez que estuviste.

Atemporal

No te dejés caer
No hagás de tu vida un hastío
No abandonés tu alma
A los azares del destino
Que no te corrompa
La melancolía
Que no te compre
Con su absurda agonía
Este mundo tan frágil

No escondás tu alegría
Que nada te impida sonreír
Que nada hay tan placentero
Como olvidarte de todo
Y simplemente existir

Olvidate de lo diarios
No valen la pena
Olvidate de los años
Y su paso que envenena
Agarrate con tus uñas
Tus cabellos
y tus dientes
Olvidate de esta ausencia
Y de que piense la gente

Olvidate incluso
De estas palabras
No olvidés nunca
Que son palabras humanas

Quitale el tiempo a todo
Y no tratés de recobrarlo
Ignorá el paso del tiempo
Y su correr que hace daño

Pero no ignorés jamás
Que estamos llenos de emociones
Que aunque no lo querrás
No caminamos solos
Y si algún día cualquiera
Tus cimientos ceden
Tus columnas tiemblan
Y se rompen tus redes

Camina a mi lado
Tomá mi mano
Y no me soltés nunca

Deliro por vos

Deliro por vos. Cada palabra que escribís es como un himno al que me aferro por completo. El viento trae hasta mí tu respiración agitada que golpea cada vez más fuerte en mis oídos y las paredes de esta habitación desolada en la que me encierro para encontrarme solo, solo en mis pensamientos, solo con vos. Eso es todo, pero no estás aquí. Te quiero. Te quiero con todas estas febriles ganas de tenerte entre mis brazos a cada instante, de besar tus labios y de acompasar nuestras respiraciones en un solo sonido y llegar así al punto más alto. Unir nuestros cuerpos en amor tan profundo, contemplar tu fino rostro, tus cabellos que descienden como lianas tiradas hasta el suelo y tus labios que invitan a besar a cada instante.
 
Me alegra saber que me querés, me alegra saber que todo esto no es un sueño, me alegra saber que puedo tenerte cuando quiera, basta con pensarte, con imaginar que permanecés a cada instante a mi lado y sentir tus brazos rodear completamente mi cuerpo y esperar pacientemente el día que te tenga de nuevo –Por fin- solo para mi.

Carta a Melisa

En medio de computadoras, de personas detestablemente absorbidas por este sistema sin más ocupación que su desaforada pasión por el dinero, concurre en mi mente tu reflejo claro, ese reflejo de tus ojos que brilla con los rayos del sol y resplandece con la luz de la luna. Esos ojos como sacados de un sueño tan profundamente hermosos. Ellos brillan, cantan, bailan y me hacen soñar que estarás siempre conmigo -Es así en cierto modo ¿No?-. El caso es que sin más ocupación que esta febril necesidad de tenerte, de abrazarte, de acercarnos como dos moléculas para formar una sola nueva partícula, decidí escribirte esto aunque no tenga ningun sentido al final -¿Que cosa lo tiene?- Espero poder transmitir con letras lo que estoy sintiendo en este momento.
 
Quiero evitar el trámite de las cursilerías de costumbre y los trámites de rigor para comenzar esta carta, pues cualquier cosa que diga -¡Sí! incluso esa que pensás- se quedará completamente corta. Podría inventar unas cuantas, pero seguramente no quedaría conforme, y ni hablar del trámite para ser aceptadas por la RAE o alguna otra institución lingüística, ¡Bah! todo un trámite. Fuera de eso creo también que sabés lo que siento y no veo necesidad de repetirlo como “Rockola”, disco rayado, palabras de delirio -Aunque deliro por vos- o reflujo despues de una gran comilona. Quiero que estas palabras sean compeltamente honestas, improvisadas, sin ningún arreglo de estilo ni recursos literarios. Quiero que sintás la honestidad con la que escribo -Como honesto es el sentimiento que late por vos-.
 
Recuerdo ese saludo, los trámites de rigos, los “Holas” de costumbre. Recuerdo ver tus fotos mientras charlábamos en una conversación de chat, -Me pareciste hermosa, desde que te vi mi pupila grabó como pintura rupestre tu mirada, tu tersa piel, tus exquisitos labios-. Despues de un par de charlas noté el latir acelerado de mi corazón cada vez que te miraba, cada vez que me hablabas. Cada palabra que escribías era como inyectar sangre por todo mi torrente sanguíneo.
 
Llego el día en que por fin te vi, fue todo como si el cosmos conspirara para poder encontrarnos. Por primera vez pense si existiría algún Dios. Esto no era terrenal, no era normal, algo pasaba y se salía de mis manos por completo.
 
De un momento a otro comencé a quererte -Más, más y más- eras -Sos- como una luz que ilumina mis tinieblas y trae claridad a esta desolada vida cuando no estás.
 
Ahora no puedo pensar en dejarte. Mis ojos ven en cualquier rostro el tuyo y cada vez que te pienso es como salir de este mundo; Ir a otro en donde estaremos solos tú y yo, amándonos, besándonos, sin mañanas ni retornos.
 
Esto que siento es fuerte, no hablarte en todo el día es un castigo, un hastío. Solo en las noches me siento vivo, cuando hablo con vos.
 
Agradecer -Igual de inexplicable- sería poco. No bastan los atardeceres, los delirios, los sueños, las noches pernoctando esperando a que aparezcás.
 
Te deseo, deseo tenerte, deseo tenerte entre mis brazos, deseo besarte, acariciarte, comerte con mis labios y reconstruir pieza por pieza todo tu cuerpo.
 
Cualquiera diría que miento, pero ambos sabemos -Espero vos también- sabemos que falso es el adjetivo menos adecuado para nosotros, mentir el verbo más errado y soledad la única cosa que falta cuando no estás en mi vida.
 
Tu especial don para enamorar el alma errante de este judió y tu incomparable astucia para amarme y conmosionar mi alma por completo te hacen la mujer perfecta para mi. Aunque no lo quieras, aunque no lo quiera. Quiero tenerte en mi vida hasta que el Cristo que profesan los cristianos “Vuelva” o la compatación definitiva del universo se de. Y si no se da, ¡Que mejor!

Bailes Oníricos

Aquí estás frente a mi desnudando mi alma con una mirada. Aquí estás desnudando mi cuerpo de nuevo dispuesto a entregarse a vos. Nuestros cuerpos extraños lentamente se asoman y las notas de una guitarra se encarnan en nuestra piel y penetran nuestro cuerpo, se las ve volar por toda la habitación envolviéndonos en un sublime y paulatino respirar simultaneo; nuestros cuerpos se acercan inmaduros y tibios dejándose llevar por las suaves notas de un 50’s blues.
 
Nos encontramos por fin uniendo nuestros labios, juntando nuestros pechos, tu pelvis rozando mi cintura y la música llevándonos de un lado a otro como siendo parte de la angustiosa guitarra que grita su melodía y envuelve el secreto del amor.
 
Afuera todo transcurre, afuera todos duermen, afuera el tiempo pasa pero nosotros decidimos encapsular nuestros erráticos seres en este pedazo de tiempo congelado que nos hiela hasta los huesos, afuera todo pasa; Aquí todo se queda.
 
Nuestros cuerpos se sumergen en un baile cadencioso y suave siguiendo nota a nota el vibrar de las cuerdas de esta guitarra tan lejana, pero tan presente para nosotros. Sentís como la música golpea tu cara y nuestros cuerpos continúan como sentenciados a un goce eterno.
 
La música desaparece paulatinamente acompasando mis ojos que lentamente comienzan a entreabrirse para encontrar los tuyos, pero nada, frente a mi no hay nada más que mi techo blanco y poroso y al lado de la cama mi lámpara y un libro.
 
Mis brazos se extienden como queriendo alcanzarte pero no hace más que cortar el frío aire de tu ausencia, mis pies parecen marcar aún acompasados el entonar de esa melodía que ahora ya no se escucha, que ahora ya no existe, que ahora está tan muerta como la ilusoria felicidad de tu presencia.

Alicia

¿Qué mal te aqueja ahora?
¿Cuál es tu motivo para llorar?
No ves que en esta temprana hora
La gente solo quiere descansar

Interrumpes su plácido viaje
Al país donde pocos pueden ir
Al que Alicia nos enseño a partir
Para un poco niños volvernos a sentir

¿No sientes tú acaso la niña que golpea?
Cansada de que ya solo en tu mente se queda
Gritando desesperada con su vestido de seda
Queriendo salir a flote de tu inmensa marea

Marea de entretejeres sociales
De pantomimas y modas a destiempo
Deshazte ya de esos placeres banales
¿Cuánto te he dicho que no le pongas tiempo?

Deja ya salir a la niña
Consuélala y duérmela en tus brazos
Tómala de la mano
Camina junto a ella
Y quítate por fin esta mascara de madurez
Que la sociedad perruna
Te enseño a poseer.

Promesas Alcohólicas

Noche de copas entre amigos
Luz amarilla y tenue
Vodka y vino servidos
Al compás de alguna melodía
Por tu cabeza vacía
Junto al trago amargo y leve

El humo de olorosos cigarrillos
Vuela y se esparce por el viento
Con los carbonizados cerillos
Y el relato de otro viejo cuento

Las voces musitantes se encuentran
Narrando desaires otoñales
Discutiendo como niños en pañales
Sobre temas y encuentros pasionales

Tu cabeza demuestra su pesor
Y te envuelve la luz con su eterno fulgor
Sientes la vista comenzar a perder
Y en manos de la fiebre comienzas a caer

Caes en tu cama
Cansado y sin sosiego
Te envuelves en un sueño
Duro pero ligero
Escuchas una voz
Que demandante reza
Recordando la promesa
Hace algunos días hecha

Retumba en tu cabeza
Como una voz constante
La voz que te recuerda
Que no volverías a embriagarte

Juegos

Todo parecía eternidad a tu lado, fundir nuestros brazos en un abrazo y rozar nuestros labios en la oscuridad de cualquier calle o casa que nos acogiera a nosotros, un par de amantes buscando algún refugio de la selva de cemento que todos los días nos envenena y nos transforma en eso que detestamos pero que no podemos dejar de ser.
 
Éramos como niños jugando a quererse, escondiéndose uno del otro pero deseando ser encontrado para poder consumar lo que por muchas noches nos era imposible debido al trabajo y al estudio que apresaban nuestros sueños de libertad. Era tan divertido encontrarte parada en cualquier rincón de la ciudad, encontrar tu cintura, tus labios y la eternidad en tus ojos destellantes por la hermosa luna siempre bien reflejada en tus pupilas. Caminar tomados de la mano y soltándonos de a momentos para no levantar la más leve sospecha, nadie se podía enterar, nadie lo podía saber, por eso nunca te llevé a un hotel, por miedo a que nos viera el cajero y que de repente el cajero fuera tu primo o amigo de mi cuñada o de mi tío, de pronto alguno de nuestros padres avergonzado de haber sido descubierto en su falso trabajo de oficina, ¡No! No podemos dejar que pase, por eso si nos vemos es de encontrarnos casualmente en cualquier lugar, perdernos en cualquier rincón oscuro de la ciudad donde la niebla nos cubra de ser vistos.
 
Todo era un juego que de pronto, lo que llamamos jugar al amor, se convertía también en un juego de odio incontenible debido a tu alta sensibilidad por cualquier palabra que yo dijera o hiciera, con vos habría que inventar un termómetro de palabras pues todo te resultaba ofensivo, hasta al más mínimo alago le das vuelta y lo retorcés hasta convertirlo en algo que resulte ofensivo para vos. Eras capaz de entregarte completa y luego dejarnos a la mitad del acto porque tú dices que mis ojos persiguieron como saetas la cintura de alguien más –Como si pudiera uno concentrarse en algo más en esos momentos- y entonces a la mitad del acto te vestís y te vas más enfadada con la muchacha que conmigo.Luego, pasadas unas horas, volvías cabizbaja susurrando un perdón tan imperceptible como nosotros en nuestros azares de amor y deseo al lado de aquel frondoso arbol.
 
Ahora caminar por la ciudad no es nada más que encontrarme con la fría niebla, el hermoso sonido del mar chocando contra los muelles y encontrarme de repente con una ráfaga fugaz de instantes que compartí junto a vos y ahora ya no están, se murió el rey, vos lo mataste con tus piezas de color blanco –Porque encima también un poco racista- sin el más mínimo deseo de levantarlo lo dejás caer junto con mis sueños mis deseos y todas esas cosas que uno se inventa cuando está profundamente enamorado.

Labios constelados

Dos estrellas flameantes
A punto de chocar
Una piedra con el agua
Luchando a la orilla del mar
Cantando sale el grillo
Comenzando a contemplar
Se pone el sol silente
Y despierta el gran jaguar

El trino musitante
Del los pájaros cantar
Ofreciendo una tregua
Al fuerte vendaval
Los árboles se extienden
Y comienzo a divisar
Que las estrellas
Son dos labios
A punto de estrellarse

El remojo

Esa ardua tarea de meter tu ropa en un tubo metálico ancho, llenarlo de químicos, esperar 30 minutos imaginando el centrifugado que dentro se esta produciendo y desear con todas tus fuerzas poder participar activamente de tan divertida tarea, el remojo, las vueltas, las burbujas, la espuma, toda tu ropa en una fiesta interminable y luego ser el aguafiestas envidioso que le pone fin a su festín apuñuscándola toda y estrujandola en un cesto para ropa.

Juegos de Ajedrez

Yo aquí intento cazarte, consumarte; traerte de nuevo al lado mío y sumergir mi cuerpo en tus brazos después de un buen juego de ajedrez. Cómo nos gustaba jugar al ajedrez, con que afán movíamos las piezas y las dejábamos caer para una vez terminada la partida dejarnos caer uno encima del otro. Yo las blancas, vos las negras, o viceversa. ¿Qué más daba si estabas vos? ¿Qué más daba dejar caer mi rey si después del juego solo nos quedaba sucumbir al pasto mojado aplastando a los pobres insectos que nada tenían que ver con nosotros y entrar suavemente en tu tímida cintura acompañada con una sonrisa aprobatoria?

Las piezas se movían y caían sucumbidas; atadas a la mano que gobierna su destino..

Batalla de colores, de formas, de reinos ficticios en un tablero blanco y negro de ocho por ocho. Cada movimiento nos acercaba más al final del juego posado en tus labios. Quisiera mandar todas las piezas al carajo, romper el ritual y aferrarme al calor de tus pechos y tus labios desbordantes de amor. Adelantarme a las sorpresas que intimar en aquel parque o cuarto o bosque junto a vos me pudieran traer junto a la aurora malva y tus gemidos que crecían a cada instante incesantes. Mi cuerpo embriagado por tu aroma y hundiéndose en tu cintura saciando los deseos de amar que ambos conservábamos debajo del tablero.