jueves, 2 de mayo de 2013

Esperanzas

Hoy llueve en la ciudad; todo se nubla mientras desgajo éstas letras y tu silueta se vuelve evanescente y se confunde con el humo de este cigarrillo que se lleva ese tiempo que compartimos en los bancos de plaza y en las aceras que nos cobijaban del frío de las noches en que te iba a dejar tarde a tu casa –Sí acaso te acordaras- y ambos odiábamos eso, ambos odiábamos eso que nos dejaba vacíos y estaqueados en mitad de la calle con una esperanza de volver a vernos ese día tan vana como la esperanza de lucidez humana. Me encontraba ya perdido, sumergido en un manojo de instantes ya perdidos e irrepetibles, porqué cada momento junto a vos fue totalmente distinto, en algún momento estábamos comiéndonos una manzana bajo la sombra de un frondoso árbol, esa manzana del pecado original del que nos considerábamos absueltos por ósmosis y vos con un tono burlesco me obligaste a comerla. Otro día recuerdo caminar de tu mano y por puro capricho tuyo querías jugar a las escondidas, siempre tan niña, tan inmadura y consentida, no aceptabas un no por respuesta, y entonces jugamos a las escondidas estuvimos buscándonos casi medio día –Debo aceptar que estuve a punto de rendirme, que mala sangre buscar a alguien por medio día sin ningún éxito- pero justamente cuando me di la vuelta para volver a mi casa mis labios se encontraron con los tuyos y yo reaccione exaltado y agradeciéndote por la sorpresa te lleve a mi apartamento, ahí fue que todo se consumo, ahí fue que todo quedo, ahí fue que todo se volvió tan cristalino y puro como el agua pero lastimosamente no era nada más que simple y llano sexo.

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