Esta es la primera noche sin vos, tu
delicado y poco lúcido rostro se desdibuja en la porosidad del muro que
–muy- brevemente te acoge en su recinto de blancas burbujas de aire, la
fe en que volverás se renueva y se destruye simultáneamente a cada
instante ahogando torpemente estas letras en el río de horas que se
fueron detrás de tu partida.
El silencio ensordecedor me parece
insoportable, solamente la voz de Ella FitzGerald que lentamente sale de
mi computadora me ayuda a agudizar los deseos de estar, pero estar con
vos.
No supe tenerte, no supe soportarte.
Nuestro amor se desmorono velozmente cual
juego de Jenga, cual lazo podrido sobre el cual colgás la ropa, cual
World Trade Center siendo atacado por un avión esa mañana fría del mes
de Septiembre, ese mes de septiembre en el cual once años después la
vida me mostró tus sendas de peligros y azares perdidos en el tiempo que
ahora trato vanamente de menguar para ver si por fin puedo volver a
tenerte entre mis brazos.
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