¿Se ha puesto a pensar Por qué dice: “Mañana será otro día”? Claro, cuando la frase sale de su boca espera que así sea, espera que el siguiente día traiga consigo otras cosas, cosas nuevas, cosas únicas que lo conviertan en un día diferente, creo que en el fondo cuando nos acostamos a dormir cansados por haber le declarado la guerra a la jungla que se encuentra cruzando esa puerta y mejor aún, haber salido victoriosos, cansados, abatidos, pero victoriosos, todos queremos así suceda.
Pero ¿Qué hace para que el día de mañana sea diferente? Pocas personas se ponen a pensar en esto a la hora de asegurar que mañana será otro día, pero ¿Sabe? Seguramente no lo será, seguramente será otro día tan rutinario como el que está terminando, otro día levantándose temprano y pese a eso salir corriendo al trabajo porque el tiempo se le ha hecho corto para cumplir con su horario, al salir de la casa ver las mismas calles, las mismas casas; Llegar a la oficina y ver las mismas cuatro paredes que limitan su libertad y de nuevo a realizar las mismas ocupaciones que todos los días realiza, pasar ahí encerrado hasta la hora de almuerzo, comer aceleradamente y volver de nuevo a la condena de las mismas cuatro paredes de su oficina, diez minutos antes de terminar su horario de trabajo comienza a observar el reloj un minuto tras otro sintiendo como todo lo que se hizo en el día, que fue básicamente nada, pasa por su cabeza una vez más. Cuando por fin llega la hora de salida, cruzar la puerta de la oficina y encontrarse, de repente, a un montón de personas cabalgando cual manada hastiados al igual que usted de haber pasado ocho o diez horas encerrados en una oficina, haciendo lo mismo de siempre. Tomar el bus de vuelta y al llegar a su cuadra caer en la cuenta que todas aquellas casas y calles que despidió en la mañana con el propósito de no volver a ver jamás siguen allí, inmóviles, inertes, cruzar la puerta de su casa entre prisas, sustos y cansancios. Entrar por la puerta y descubrir a la misma mujer que lo despidió cuando salió en la mañana, todo está igual. A la hora de dormir lo hará engañado con la esperanza de que mañana será un día distinto.
Desde pequeños se nos enseña a acostumbrarnos a esta absurda rutina, a perder la libertad de acción, a depender de cosas como el dinero, el tiempo y por supuesto, los medios para poder atenderlos como el trabajo y la hora. Creemos que cuando salimos del colegio estamos listos para vivir felices, pero, cuál será nuestra sorpresa al darnos cuenta que todos los años que desperdiciamos en el colegio fueron en vano. Se nos prepara para contagiarnos con esa rutina, para seguirla y obedecerla todos los días de nuestra vida, a ganarnos el dinero con ella, a depender de ella tanto que cuando llega la hora de la muerte el hecho de no poder continuar con la rutina nos asusta, cuando llegamos al ocaso de nuestra vida nos damos cuenta que lo único que nos hizo falta hacer con la vida, fue vivirla. Claro, pasamos toda nuestra niñez y juventud esclavizados a un sistema de vidas homogéneo y enfermizo, desperdiciamos todas nuestras energías de niñez y juventud atados a una vida rutinaria, para que después, ya cansados, aburridos, agobiados de la vida se nos dé por fin un poco de libertad cuando somos ancianos y ya no tenemos ni la fuerza ni la vitalidad para poder vivir la vida.
En mi caso la muerte no simboliza cruzar el umbral de lo metafísico, tampoco que me convertiré después en alguna otra especie animal, para mi morir es simplemente esa oportunidad que tenemos de finalizar con la rutina, de vencerla para nunca más poder caer en ella.
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