lunes, 25 de marzo de 2013

Relatos Automovilísticos

No me importa nada. No me importa si el próximo semáforo esta en rojo. No me importan los pasos de cebra ni los peatones imprudentes, imprudentes a nuestra entrega de amor en la que juntos, tú y yo, nos haremos uno mismo. Las luces de la ciudad se opacan con el polarizado también opaco de las ventanas de este automóvil, que cual sacerdote en confesión sin saberlo guardara cada uno de los secretos, hechizos, gritos y deseos que escaparan de nuestros cuerpos en esta noche mágica.
 
El automóvil avanza, no importan los peligros, no importa si vamos a morir, siempre y cuando muramos juntos. Ambos sabemos los riegos, pero ambos también sabemos que ahora ya no hay vuelta atrás.
 
Entierro mis dedos de lleno en tus rizos destellantes, masajeo tu cuero cabelludo y bajo un poco más. Beso tus labios carmesí y ambos continuamos sabiendo que no podemos detenernos ahora.
 
No. No me importa nada. No me importan los otros automóviles que nos acompañan. No me importan las señales de alto ni los silbatos de los municipales. No me importa nada, solo continuar avanzando y jamás detenernos.

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