lunes, 25 de marzo de 2013

Carta a Melisa

En medio de computadoras, de personas detestablemente absorbidas por este sistema sin más ocupación que su desaforada pasión por el dinero, concurre en mi mente tu reflejo claro, ese reflejo de tus ojos que brilla con los rayos del sol y resplandece con la luz de la luna. Esos ojos como sacados de un sueño tan profundamente hermosos. Ellos brillan, cantan, bailan y me hacen soñar que estarás siempre conmigo -Es así en cierto modo ¿No?-. El caso es que sin más ocupación que esta febril necesidad de tenerte, de abrazarte, de acercarnos como dos moléculas para formar una sola nueva partícula, decidí escribirte esto aunque no tenga ningun sentido al final -¿Que cosa lo tiene?- Espero poder transmitir con letras lo que estoy sintiendo en este momento.
 
Quiero evitar el trámite de las cursilerías de costumbre y los trámites de rigor para comenzar esta carta, pues cualquier cosa que diga -¡Sí! incluso esa que pensás- se quedará completamente corta. Podría inventar unas cuantas, pero seguramente no quedaría conforme, y ni hablar del trámite para ser aceptadas por la RAE o alguna otra institución lingüística, ¡Bah! todo un trámite. Fuera de eso creo también que sabés lo que siento y no veo necesidad de repetirlo como “Rockola”, disco rayado, palabras de delirio -Aunque deliro por vos- o reflujo despues de una gran comilona. Quiero que estas palabras sean compeltamente honestas, improvisadas, sin ningún arreglo de estilo ni recursos literarios. Quiero que sintás la honestidad con la que escribo -Como honesto es el sentimiento que late por vos-.
 
Recuerdo ese saludo, los trámites de rigos, los “Holas” de costumbre. Recuerdo ver tus fotos mientras charlábamos en una conversación de chat, -Me pareciste hermosa, desde que te vi mi pupila grabó como pintura rupestre tu mirada, tu tersa piel, tus exquisitos labios-. Despues de un par de charlas noté el latir acelerado de mi corazón cada vez que te miraba, cada vez que me hablabas. Cada palabra que escribías era como inyectar sangre por todo mi torrente sanguíneo.
 
Llego el día en que por fin te vi, fue todo como si el cosmos conspirara para poder encontrarnos. Por primera vez pense si existiría algún Dios. Esto no era terrenal, no era normal, algo pasaba y se salía de mis manos por completo.
 
De un momento a otro comencé a quererte -Más, más y más- eras -Sos- como una luz que ilumina mis tinieblas y trae claridad a esta desolada vida cuando no estás.
 
Ahora no puedo pensar en dejarte. Mis ojos ven en cualquier rostro el tuyo y cada vez que te pienso es como salir de este mundo; Ir a otro en donde estaremos solos tú y yo, amándonos, besándonos, sin mañanas ni retornos.
 
Esto que siento es fuerte, no hablarte en todo el día es un castigo, un hastío. Solo en las noches me siento vivo, cuando hablo con vos.
 
Agradecer -Igual de inexplicable- sería poco. No bastan los atardeceres, los delirios, los sueños, las noches pernoctando esperando a que aparezcás.
 
Te deseo, deseo tenerte, deseo tenerte entre mis brazos, deseo besarte, acariciarte, comerte con mis labios y reconstruir pieza por pieza todo tu cuerpo.
 
Cualquiera diría que miento, pero ambos sabemos -Espero vos también- sabemos que falso es el adjetivo menos adecuado para nosotros, mentir el verbo más errado y soledad la única cosa que falta cuando no estás en mi vida.
 
Tu especial don para enamorar el alma errante de este judió y tu incomparable astucia para amarme y conmosionar mi alma por completo te hacen la mujer perfecta para mi. Aunque no lo quieras, aunque no lo quiera. Quiero tenerte en mi vida hasta que el Cristo que profesan los cristianos “Vuelva” o la compatación definitiva del universo se de. Y si no se da, ¡Que mejor!

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