Aquí estás frente a mi desnudando mi alma con una mirada. Aquí estás desnudando mi cuerpo de nuevo dispuesto a entregarse a vos. Nuestros cuerpos extraños lentamente se asoman y las notas de una guitarra se encarnan en nuestra piel y penetran nuestro cuerpo, se las ve volar por toda la habitación envolviéndonos en un sublime y paulatino respirar simultaneo; nuestros cuerpos se acercan inmaduros y tibios dejándose llevar por las suaves notas de un 50’s blues.
Nos encontramos por fin uniendo nuestros labios, juntando nuestros pechos, tu pelvis rozando mi cintura y la música llevándonos de un lado a otro como siendo parte de la angustiosa guitarra que grita su melodía y envuelve el secreto del amor.
Afuera todo transcurre, afuera todos duermen, afuera el tiempo pasa pero nosotros decidimos encapsular nuestros erráticos seres en este pedazo de tiempo congelado que nos hiela hasta los huesos, afuera todo pasa; Aquí todo se queda.
Nuestros cuerpos se sumergen en un baile cadencioso y suave siguiendo nota a nota el vibrar de las cuerdas de esta guitarra tan lejana, pero tan presente para nosotros. Sentís como la música golpea tu cara y nuestros cuerpos continúan como sentenciados a un goce eterno.
La música desaparece paulatinamente acompasando mis ojos que lentamente comienzan a entreabrirse para encontrar los tuyos, pero nada, frente a mi no hay nada más que mi techo blanco y poroso y al lado de la cama mi lámpara y un libro.
Mis brazos se extienden como queriendo alcanzarte pero no hace más que cortar el frío aire de tu ausencia, mis pies parecen marcar aún acompasados el entonar de esa melodía que ahora ya no se escucha, que ahora ya no existe, que ahora está tan muerta como la ilusoria felicidad de tu presencia.
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